sábado, 19 de septiembre de 2009

INCIVILIZACIÓN Y BARBARIE

Editorial
por Luis Farias

INCIVILIZACIÓN Y BARBARIE
Parece mentira que estando en la Argentina se hable tanto de leyes. Pareciera que estuviéramos viviendo en el país de la legalidad absoluta, en el que se nos enseña lo nefasto de las consecuencias si llegáramos a infligir la letra impresa. Así pasan por nuestro campo visual y auditivo imágenes y audios de temas tales como Derechos Humanos, Ley de medios, leyes que determinan el puntaje vital en los carnet de conducir, leyes que modifican (para mejor) nuestro sistema educativo y nos hace olvidar de aquella otra, nefasta y neoliberal (Ley Federal de Educación); hasta se habla de ciertas despenalizaciones, muy particulares pues harían reír al mismísimo Bob Marley, pero manifiestan un gran paso para la humanidad (para la humanidad de algunos, claro).
Debe tenerse en cuenta que estamos en la cascoteada América Latina; esa tierra corrupta, de estados bananeros, de mandatarios autoritarios y de pueblos bárbaros. Todo indica que hablar de leyes en estos territorios es contradictorio; al menos así nos han enseñado porque, salvo que se hayan hecho malas lecturas acerca de las tan en boga historiografías tradicionales, si de algo somos culpables los pueblos de la América del Sur es justamente de nuestra barbarie.
¿Y la civilización, dónde ha quedado? ¿Acaso no la hemos merecido?
Agradece, obstinado lector, vivir bajo la tutela de los padres de la democracia y defensores de la libertad; a ellos le debemos la civilización (al menos la preservación de la civilización puesto que los hacedores de la misma en nuestros territorios fueron los educados de la Corona Británica luego de obligarla a España a soltarnos la mano). Loas a la memoria del gran Monroe (quinto presidente de los Estados Unidos) que sin su famosa doctrina América para los americanos" (dirigida principalmente a las potencias europeas con la clara intención de dejar bien asentado que los Estados Unidos no tolerarían ninguna intromisión por parte de Europa en América), sin esa doctrina, decíamos, vaya a saber en qué garras colonialistas hubiéramos caído nosotros, imberbes, corruptos y salvajes latinos.
EEUU se ha preocupado tanto por cada paso que damos que no le alcanzó monitorear su tutela desde sus territorios sino que, dejando de lado sus tantos problemas, se molestó en trasladarse a cada uno de los bárbaros estados latinos (con lo que cuesta movilizar ejércitos) para guiarnos por las sendas del progreso y alejarnos de las tan descabelladas ideas socialistas, comunistas y anarquistas (producto de los avernos más profundos); o alejarnos de venenos enfermos como la cocaína (EEUU se ha concientizado tanto con este flagelo que el 80% de la producción de cocaína se la lleva para su territorio pues su pueblo, que es tan civilizado, sabe cómo controlar estos hábitos).
¿Que EEUU fundó la Escuela de las Américas en donde se enseñó a nuestros ejércitos a perseguir, torturar y matar al bárbaro pueblo latino? ¿Que EEUU fue cómplice de las dictaduras que asolaron nuestras tierras a lo largo del Siglo XX? ¿Que impuso políticas económicas, educativas, salariales y culturales que terminaron embruteciendo aún más al pueblo que protegían? ¿Que se dedicó a asesinar presidentes que pretendieron implementar políticas alternativas? Pues sí, prejuicioso lector, debió hacerlo, con todo el dolor de su alma, en pos del progreso que acarrea la civilización; es sabido que para extirpar el cáncer se debe sacrificar tejido sano. EEUU cumplió su tarea a la perfección. Tanto es así que nosotros, en compensación a sus desinteresados esfuerzos, hemos optado por recompensarlos entregándoles nuestras regiones más ricas en recursos naturales para que sus bases no carezcan de lo esencial para la subsistencia (¿quiénes mejores que ellos para cuidar de nuestros minerales, hidrocarburos y de nuestras reservas acuíferas? ¿Qué pueblo terrorista se atrevería a acosarnos con las bases de EEUU en nuestros patios?).
Hoy, en pleno 2009, nos hemos convertido, gracias a Dios (es decir, a EEUU), en un pueblo civilizado en donde la ley impera como antes lo hacía la barbarie. Y si en algún momento pretendemos quebrantar el orden establecido, ahí estará nuestro liberal tutor para acomodar las cosas, como siempre lo hizo (y como siempre lo dejamos hacer).

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